LA MUERTE DEL ABUELO
Pasé de puntillas
y todavía se oía el penoso alentar del enfermo.
Y me senté en mi cuarto de niño,
y me acosté.
Se oía en la casa entrar y salir, y allá en el fondo,
como un murmullo, el largo rumor de la mar que rodaba.
Soñe que él y yo paseábamos en una barca.
¡Y cómo cogíamos peces! Y qué hermoso estaba el mar
terso.
Y qué fresco vientecillo bajo el sol largo.
Él tenía la misma cara bondadosa de siempre,
y con su mano me enseñaba los brillos,
las vaporosas costas felices, las crestitas del agua.
Y qué feliz en la barca sólo con él...
Solo con él, tan grande y seguro para mí allí, sol con él en el mar.
"¡No lleguemos tan pronto!..." dije. Y él se reía.
Tenía el cabello blanco, como siempre, y aquellos ojos
azules que dicen que son los míos.
Y me empezó a contar un cuento. Y yo empecé a
dormirme.
Ah, allí mecido en el mar. Con su voz que empujaba.
Me dormí y soñe su voz. Ah, el sueño en el sueño...
Y soñe que soñaba. Y muy dentro otro sueño. Y más
dentro otro, y otro,
y yo más hondo soñandole, con él al lado, y huyendo los dos sueño adentro.
Y de pronto, la barca...Como si tropezase.
Ah, sí, ¡cómo abrí los ojos! (Y nadie, y mi cuarto).
Y había un silencio completo como de arribo.
Vicente Aleixandre
“Lorca, Alberti y otros poetas del 27”
Ed. Alborada